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La paradoja de la automatización.

Tu trabajo puede hacerlo un robot.
No dudes que muy pronto lo hará…
Y mucho mejor que tú.

Desde hace 8 años mi vida ha girado alrededor del libro La semana laboral de 4 horas. Lo tengo tan asumido que voy viendo como cada paso que doy me conecta con alguno de sus puntos. De hecho, todo mi mundo cambió cuando me hice la pregunta esencial del libro “¿Qué es lo peor que podría pasar?” (Sí, deja de darle tantas vueltas y lánzate a la piscina… Y si está vacía, ya te acordarás la próxima vez que primero hay que llenarla.)

Hoy he llegado a otra parte muy interesante del libro: Timothy Ferriss insiste en que todo proceso repetitivo, replicable y que no disfrutes haciendo deberá ser automatizado (o, como mínimo, delegado). Y tras muchos meses a prueba y error he conseguido automatizar prácticamente al 95% todas las tareas que desempeñaba en mis redes sociales. Es un tema que me llevaba muchísimas horas cada día y en el que llevo centrado los 2 últimos años, probándolo prácticamente todo, equivocándome muchas veces y acertando por casualidad otras muchas.

Para llegar a esta automatización primero he tenido que cagarla 500.000 veces para saber qué funciona y qué no (de lo contrario habría automatizado que un bot la cagase por mí, para hacer el ridículo en mi nombre a tiempo completo). Así que no me arrepiento de haber dedicado estos 2 años en el aprendizaje y os puedo asegurar que los he disfrutado muchísimo. Pero ha llegado la hora de volcar todo ese conocimiento en un robot y automatizar todas las tareas monótonas, repetitivas y que no me aportaban ningún aprendizaje extra.
¡Ha sido toda una liberación!

 

(Yo, tratando de automatizar mi vida)

 

Y así es como he llegado a recordar esta gran cita del libro:

¿Qué diablos haces cuando ya no tienes la excusa del trabajo para ser hiperactivo y evitar las grandes preguntas?

Al parecer, quedarte petrificado de miedo y apretar bien el culo.

Me ha pasado tal cual. Además, se da la enorme paradoja de que cuando activo el bot que se encarga de hacer todo el “trabajo sucio” mi ordenador se ralentiza, impidiéndome trabajar en otras cosas; por lo que me encuentro ante un dilema: “¿Trabajo yo, controlando todo el proceso y haciendo tareas repetitivas? ¿O mejor enciendo el bot y admito de una vez que él hace el trabajo mejor que yo?

(Lo sé, la solución es contratar un servidor virtual e instalar ahí el programa para que se ejecute fuera de mi ordenador… Pero el dilema me sigue dando que pensar)

Parece una chorrada, pero son preguntas que tarde o temprano van a tener que hacerse todos los emprendedores (para los trabajadores por cuenta ajena será más complicado, porque un robot puede quitarle su puesto de empleo): ¿Automatizo todo eso que sé que es necesario pero que no me gusta hacer? ¿Lo estoy haciendo realmente para ocupar el tiempo y sentirme productivo? ¿Estoy desatendiendo cosas importantes porque es más fácil hacer ese trabajo monótono?

Es difícil admitirlo, pero sí: en muchas ocasiones tu trabajo sobra; un robot lo puede hacer por ti y lo peor de todo es que lo puede hacer mucho mejor.
La buena noticia es que cuando implementes la automatización y salgas de esa zona de confort que te has creado comportándote en “piloto automático” durante años vas a tener tanto tiempo para hacer otras cosas que vas a perder una de tus excusas favoritas para no implementar aquello que sabes que necesitas urgentemente.

(¿De verdad piensas que tu trabajo no es automatizable?)

 

Así que deja de luchar contra molinos, no hace falta que te reveles contra el presente: la automatización ha llegado y va a revolucionar tu modo de vida.
Puedes patalear, decir que es una mierda, asegurar que va a destruir millones de puestos de trabajo… Y no te falta razón, pero eso no va a frenar el progreso; así que empieza ya a pensar qué trabajos creativos, artesanos y/o imaginativos (cosas que aún no saben hacer los robots) vas a ofrecerle al mundo.
Estás aplazando tareas importantes llenando tu tiempo artificialmente y es normal, todos lo hemos hecho. Nos da miedo hacer cosas nuevas, implementar ideas que no sabemos qué resultados van a dar. El ser humano no está preparado para asumir la incertidumbre y muchas veces nuestro cerebro nos frenará en nuestro camino. Pero puedes trabajar para forzarte a salir de la famosa “zona de confort”. Cuando lo hagas verás que es adictiva la adrenalina que genera lo desconocido.

Así que ten cuidado; si te comportas como un cajero o un portero automático no te extrañes cuando venga el técnico a instalar la máquina que te va a sustituir.

¿Qué valor le estás ofreciendo al mundo? ¿Eres insustituible?

¿Qué haces cuando ya no tienes excusas para no hacer nada?
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